Etiquetas

, ,

El texto que comparto a continuación no lo he escrito yo. Podría no ser un texto o podría no ser la creación de una niña de 11 años interesada en el mundo de la mecánica cuántica, pero nada de todo esto forma parte de nuestra realidad, sino todo lo contrario. Supongo que cuando lo leáis lo entenderéis. El texto me es ajeno, pero mis dos yoes hemos decidido compartirlo totalmente. Aunque aparece firmado, al final, ya os adelanto que la autora se llama Iara y es mi hija. Ahí va.

———————————————————————————————

¿Estamos solos en el universo?

Esta pregunta se puede intentar responder con teorías desde diversos puntos de vista.

Iara Carreró Falcao

Iara Carreró Falcao

Yo no creo que seamos la única forma de vida en la inmensidad del universo pero tampoco estoy muy segura de que lleguemos a encontrarlas algún día. El primer motivo o dificultad en el camino hacia el descubrimiento de otras formas de vida son las grandes distancias y dismensiones del universo, que ni siquiera la luz es capaz de recorrer tan velozmente como para proporcionarnos una idea actual del estado del universo en esta época. Es decir, la luz viaja a 299.792.458 m por segundo, aproximadamente, lo que significa que tardaría 100.000 años en recorrer 1 trillón de Km (diámetro aproximado de la Vía Láctea). Si nuestra galaxia es tan larga que incluso la mayor velocidad conocida (la de la luz) tarda tanto tiempo en cruzarla de un lado a otro, es difícil imaginar el tiempo que tarda esta en llegar hasta planetas o estrellas que distan muchísimo más de nuestro planeta. Esto quiere decir que si un extraño ser cuyo planeta se encontrara en otra galaxia mirara la Tierra con un telescopio o algo parecido, vería nuestro planeta hace millones de años, es decir, un planeta nuevo y sin vida que no le parecería de interés. Sin embargo, no descarto tampoco la posibilidad de que otras formas de vida (o incluso nosotros en el futuro) sean (seamos) capaces de crear algún artilugio con el que poder ver el presente a billones de kilómetros o de descubrir una velocidad mayor a la de la luz. Con esto pasamos a la siguiente y más enrevesada parte de la explicación, que es que esos seres que pensamos que viven en otros planetas podrían ser nuestro pasado o nuestro futuro. Para entender esto es necesario explicar otra de mis teorías. Seguramente haya mucha gente que la comparta.

Esta teoría consiste en lo siguiente: para empezar hay que ver el espacio (y por lo tanto el tiempo) como un círculo o ciclo y no como una línea. Una visión más acertada incluso que la cícilica es ver la realidad como un árbol. Un árbol se va dividiendo cada vez en más ramas. En este caso vamos a imaginar un árbol tan finito como el universo. Es decir, no es un árbol finito ni infinito, ya que aún no sabemos si el universo tiene fin y como este árbol es producto de nuestras mentes, hasta que ellas conozcan los secretos del universo estos tampoco se podrán aplicar a nuestros árboles. Ciertamente es muy difícil imaginar este árbol y dudo que alguna mente humana sea capaz de visualizarlo completamente en la actualidad. Sin embargo, vamos a intentarlo; en el principio de los tiempos un tronco de acontecimientos sale de la nada. A cada instante que pasa, ese tronco se divide en más y más ramas ya que cada acto de cada ser del universo influye en esta bifurcación de caminos. Es decir, cuando naciste, empezaste en una de las ramas del ya muy avanzado árbol de la existencia. Esa rama tiene por detrás todas las casualidades que llevaron a tu nacimiento ya que si algo hubiera cambiado, no hubieras sido tú. Un rato de razonamiento puede llevarte a sacar conclusiones en principio muy obvias pero con mucho sentido. Una de ellas es, aunque probablemente no te hubieras dado cuenta, que a pesar de todas las guerras, sequías o catástrofes que desgraciadamente ha habido por el mundo durante la historia, ninguno de tus antepasados murió de niño pues si hubiera sido así tú no habrías nacido. Es algo muy obvio, pero probablemente no lo habías pensado. Si me equivoco en esta deducción, me alegro pues eso significa que hay gente por el mundo que dedica parte de su tiempo a reflexionar. Como muchos filósofos han dicho a lo largo de la historia, los humanos estamos tan concentrados en descubrir nuevas fuentes de energía, piedras preciosas, inventar nuevos teléfonos móviles o coches que dejamos de preocuparnos por cosas mucho más importantes. Dicen que es porque estamos acostumbrados al mundo y este deja de parecernos espectácular. Sin embargo, una cuestión mucho más evidente que la tan habitual pregunta de ¿en qué canal era aquella película? o ¿qué móvil tienes? es algo con lo que convivimos a cada segundo: ¿Cómo es que existo? De nuevo hablando de las casualidades, aprovecharé para recordarte que eres un ser único en el universo. No tienen relevancia los insultos en el colegio o en el trabajo, que se te dé bien o mal el fútbol o que te guste o no determinado programa de televisión. Tienes que sentirte especial porque con todas las variantes de personas que podrían haber nacido dependiendo de lo que les pasara a tus antepasados o (llegando a un pasado más próximo) de todas las personas que podrían haber nacido como hijos de tus padres dependiendo del espermatozoide que fecundara el óvulo ¡fuiste tú quien nació!

Volvamos al árbol. Esa rama en la que naces también puede considerarse el principio de tu árbol ya que tampoco puedes estar seguro de que existiera algo antes de que tú nacieras. Es verdad, puedes ver una fotografía o pueden contarte historias tus abuelos pero no puedes ni podrás nunca estar seguro de que todo eso, incluso las personas que más quieres, no sean una invención de tu subconsciente para justificar tu existencia. Pero ya hablaremos de eso más adelante. Cada acto que realizas, si eliges lavarte los dientes ahora o un segundo más tarde, si prefieres el zumo de piña o el de naranja para merendar esta tarde o si dices «está bien» o «vale» cuando te preguntan algo, puede hacerte pasar por un camino u otro y hacerte ir por determinada rama. Este concepto es difícil de entender y la cosa no va a cambiar cuando continúe.

Por todo lo que he contado parece que puedes cambiar tu destino de la forma que quieras pero la cosa es más complicada. A pesar de todas esas casualidades, hay un destino (por así llamarlo aunque es algo mucho más allá de los conocimientos y expresiones que los humanos podemos llegar a imaginar) que sabe lo que vas a hacer finalmente por mucho que dudes en el camino. Este es concepto muy difícil de entender y ni yo soy capaz de explicármelo a mí misma por lo que puedes volver a leer el párrafo si quieres. Puede que aún sigas sin entenderlo pero quizás eso signifique que ese destino lo quiere así y prefiere que sigas tus propias teorías.

Si esta teoría fuese correcta, podría afirmar también que en cada rama de ese árbol existe una realidad distinta y que todas son paralelas. Eso significa que puede que en otra dimensión paralela haya ahora un que vive en otra realidad y es distinto a ti solo por el hecho de que en el texto que está leyendo ahora mismo hay una errata. Esa errata cometida por mí ya hace diferencias entre las dos realidades. Pero, para que lo entiendas mejor, no hay solo una realidad en la que esa errata existe ni tampoco solo una realidad en la que el texto está corregido completamente. Es decir, en una de las realidades a demás de que yo cometiera la errata, tú elegiste empezar este texto a las 16:46 en lugar de a las 16:45. En otra, además de que pasara todo eso, ayer pediste coca-cola en el bar en lugar de mosto… Pero tampoco habrá solo una realidad en la que empieces el texto con errata a las 16:46. Creo que ya lo has entendido. Si no es así puedes releer esta última parte o pararte a reflexionar un rato ¡Siempre ayuda!

Vamos a hacer un ejercicio y no te aconsejo que te lo saltes pues es tan importante como cada palabra de este texto: Cierra los ojos y regresa a algún momento feliz que recuerdes bien (también puedes volver a un sueño bonito que tuviste algún día o dejarte llevar por la imaginación). Has de estar allí varios minutos, en realidad hasta que ese momento o conjunto de momentos haya acabado. No tengas prisa. Deja el cuerpo quieto durante toda la experiencia y cuando vuelvas a la realidad después de un rato observa y examina cada movimiento que hace tu cuerpo después de estar quieto tanto tiempo. Ya has leído las instrucciones, hazlo ahora y luego seguirás leyendo.

Si eres como yo, te habrá resultado fascinante ver como ese cuerpo que te parece tan ajeno después de huir un rato del mundo físico responde a cada pensamiento u orden que le da tu cerebro. Ha sido un experimento interesante ¿no?

Ahora vamos a hablar de una teoría que en principio parecerá egocéntrica pero es mucho más profunda de lo que parece. Escribir esta teoría en un libro o en un texto es absurdo pues si es cierta, nadie la leerá jamás y si es incorrecta, no tiene sentido que nadie la lea. Si es absurdo ¿Por qué yo lo estoy haciendo? Pues verás, yo creo que para poder crear tus propias teorías y especulaciones es importante conocer las de otras personas. Así pues, aunque esta teoría sea incorrecta habrá ayudado a alguien a crear una nueva hipótesis interesante que puede que esté más acercada que la mía. Puede que ahora no entiendas por qué es una teoría cuya exposición al mundo es un callejón sin salida pero encontrarás la respuesta tras leer en que consiste esta hipótesis. Es un concepto difícil de explicar. Vamos con él.

Yo no puedo estar segura de que exista alguien más que yo en el mundo. Nunca tendré pruebas, pues como dijo Descartes «Cogito, ergo sum» cuya traducción al español es «pienso, luego existo». Es decir, yo solo puedo estar segura de que yo pienso pero como no estoy en la mente del resto de las personas no puedo asegurarme de que piensan. Se puede decir «sé que Juan piensa porque siempre saca sobresalientes en los exámenes» o «sé que Marta piensa porque utiliza palabras muy correctas al hablar», pero eso podría ser solo una invención de una parte de ti de la que no eres consciente. Si estás leyendo esto pensarás «esto es una bobada porque yo sé que pienso aunque la autora no lo sepa», pero has de darte cuenta de que si realmente estás seguro de que piensas, puede que yo no exista y este libro lo haya hecho esa parte de ti de la que no eres consciente. Obviamente, yo sé que sí pienso pero todo esto depende del punto de vista. Es decir, puede que tú existas aunque yo no pueda probarlo por lo que para mí, yo soy la causa de todo. Pero también puede ser que simultáneamente tú sepas que existes pero no puedas probar que ocurra lo mismo conmigo. Eso significa que ese existir del que yo creo estar dotada podría consistir solamente en formar parte de tu subconsciente, el subconsciente que escribió este textos atribuyéndoselo a una autora de tu mundo para que tú puedas leerlo. Existir puede verse como algo subjetivo. Como ya he dicho, si ambos estamos seguros de que existimos a la vez, hay probabilidades de que no vivamos en la misma realidad lo que nos lleva a pasar esta teoría a la realidad física. Sin embargo, el hecho de que ambos existamos no significa, por contradictorio que parezca, que esta teoría sea inviable. Para pasar la hipótesis a la dimensión física tenemos que volver al árbol que plantamos en nuestra mentes muchas líneas atrás. Para nosotros el tiempo es algo que no podemos controlar pero puede que para otros seres que habiten el universo, esto sea una dimensión física que permita la alteración de momentos pasados o el viaje por la historia. Y aquí es cuando nuestro árbol sale de nuevo a la luz pues puede que todas esas ramas existan simultáneamente divididas por el espacio. Incluso ramas que aún no existen para nosotros pueden convivir a la vez lo que nos lleva a plantearnos si los demás habitante del universo podrían ser todas las variantes que ha podido sufrir el mundo y la raza humana durante la historia. También es posible que los animales con los que convivimos sean variantes de nosotros mismos (o al contrario) que en lugar de convivir esparcidas por el universo, existen simultáneamente en un espacio más limitado, nuestro planeta. Hablo de la historia pero no solo del pasado pues si este árbol existe de verdad, el tiempo es algo alterable y subjetivo que puede cambiar de una dimensión a otra pues si todas esas variantes infinitas conviven a la vez en el espacio físicamente el tiempo ha de ser también al menos para alguna de ellas una dimensión física. Todas estas variantes son infinitas por lo que si esto fuera cierto, el universo sería también infinito. Sin embargo, no hay que verlo de forma tan simple pues puede que en lugar de adoptar el tiempo forma física, sean las cosas con las que estamos acostrumbrados a tratar, las de la realidad física las que tengan el mismo estado del tiempo. En ese caso, sería muy difícil determinar el tamaño del universo con términos tan simpes como finito o infinito.

Volviendo a la teoría principalmente calificada como egocéntrica, hay que formular otra pregunta a la que los seres humanos han buscado muchas respuestas posibles. Esta pregunta no se puede expresar exactamente con palabras pero seguro que entenderás lo que quiero decir. La cuestión es si existe o no un dios. Mi opinión personal, que seguramente dista de muchas otras aunque haya gente que la comparta, es que ese dios no es Apolo ni Alá ni Dios. No es ningún señor sentado sobre las nubes que castiga a los pecadores o establece los preceptos religiosos. Tampoco es un dios que mira desde el cielo como le dedican desfiles o guerras. En mi opinión, es un dios muy distinto a todas las descripciones hasta ahora etablecidas. Es llamado por mí dios para que sea fácil de entender pero un término más acertado sería el que utilizaba Aristóteles para justificar (sin entrar en temas religiosos) el inicio de todo. Ese término es causa primera. Esa causa primera no tiene que verse como un hombre o una mujer, ni como un espíritu. En realidad no tiene que verse pues como ya hemos dicho, puede que la realidad física no sea la única. Puede que esa causa primera sea solamente una fuerza misteriosa o un gusano de otra dimensión cuyo minúsculo cerebro inventa nuestra existencia.

Antes decía que solo puedo estar segura de existir yo. En ese caso el gusano sería mi subconsciente pero como lo que yo llamo yo es la parte de la que soy consciente, puede que yo sea una simple imaginación de mí misma. Eso significa que soy igual de real que el resto de personas que ha inventado mi subconsciente pues aunque no es mentira que el mundo sea invención de una parte de mí, tampoco puedo estar segura de que ese subconsciente no sea también una parte de el resto de personas. En mi opinión, esto une a la raza humana mucho más incluso que la teoría de Adán y Eva.

Esto son solo parte de mis teorías pero tú puedes perfectamente no estar de acuerdo e inventar tus propias hipótesis. Si alguna vez los humanos conseguimos respuesta a todas las preguntas a las que he intentado responder en este capítulo, me alegraré tanto si tengo razón como si no, pues mi teoría dejó de ser ficticia en cuanto salió de mi mente.

Para comprobarlo haremos otro ejercicio: imagina que quieres hacer una película. Se te ocurre una historia estupenda y la grabas. Sin embargo, ya existía una película con esa misma historia. Lo que ocurre en esa película es ficticio pero a pesar de ello decimos que existe. Se parece a la teoría del gato de Schrödinger. Si no conoces esta teoría te animo a investigar sobre ella y después reflexionar un rato sobre tu opinión al respecto. Tras este ejercicio podemos llegar a la conclusión de que todas las teorías son reales solo por existir en la mente de las personas.

Iara Carreró Falcao

Abril de 2015

Anuncios