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Cuenta Vargas Llosa, al comienzo de Conversación en La Catedral, cómo unos empleados de la perrera municipal arrebatan, en plena calle, el perro a la mujer de Zavalita. Un robo en toda regla, con premeditación, alevosía y uso de la fuerza por parte de los operarios frente a la nerviosa y compungida Ana y al desvalido lanudito Batuque. Cuando Zavalita acude a la perrera para recuperarlo, el responsable le explica que es que los operarios cobran por animal y, claro, estando las cosas como están, a veces se exceden.

La Guardia Civil de Tráfico debería dedicarse a controlar la seguridad en las carreteras y cobrar por ello, que es su trabajo. Así, sin más.

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