Eres tú

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Hace aproximadamente setenta años germinaba en la mente de George Orwell el concepto de vigilancia total, omnipresente, en manos de un estado —el Gran Hermano— que todo lo vigilaba. Los ciudadanos de la distopía orwelliana estaríamos vigilados por un ente, tan concreto como abstracto, que controlaría todos nuestros movimientos. Es la cámara, es el ojo universal, es la ajenidad la que nos observa.

La profecía de 1984 tiene mérito, sin duda. Pero hay un matiz, no tan pequeño, que nos aleja del prejuicio apuntado de la vigilancia ajena. No es el ojo del Gran Hermano el que te vigila; tú eres el ojo. La cámara es tu móvil, que es, a la vez, el que deja rastro de todas tus posiciones. Cuando algo ocurre, alguien lo graba. Tú lo grabas y lo subes a internet amparado en la ignorancia universal que te impide diferenciar lo que está bien de lo que está mal, lo que produce bienestar de lo que daña. Te has convertido en una célula del estado y como toda buena célula no eres consciente de ello. Eres una parte minúscula del gran aparato de vigilancia. Eres tú el que publica humillaciones ajenas porque no eres capaz de empatizar, porque eres una célula sistemática. Eres vigilante y te sientes vigilado. En el pecado está la penitencia.

Pero, claro, no quieres renunciar a tu micropapel porque el móvil te hace libre, crees… Te hace libre para elegir cumplir con el rol que ha sido diseñado para ti. Es una especie de dictadura telúrica, subyugadora de conciencias… Hace más de 20 años me ocurrió algo parecido en China. Me sentí, en un parque, interrogado por ciudadanos. No eran policías de paisano, eran paisanos de policía. Ellos se sentían parte del estado dictatorial y el estado quería saber que hacía yo allí, con mi peligroso aspecto occidental.

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El Gran Hermano eres tú, pero no puedes verlo porque eres una parte minúscula e inconsciente de la totalidad. La conciencia global no es la suma de conciencias individuales, sino algo mucho más complejo. Por eso vives tan tranquilo. Por eso yo sé que, en la lectura de este breve texto, ni siquiera has llegado hasta aquí. Desconectaste cuando te diste cuenta de que no era una canción de Mocedades, ni un programa de Mercedes Milá. Nunca llegarás hasta aquí porque tú eres El Ojo, pero no ves.

Ya está. Escrito. ¿Alguna cosa más?

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