La verdad necesaria

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La sobreinformación distorsiona. Lo hace, sobre todo, porque el exceso de información conlleva, necesariamente, una mezcla de diferentes calidades informativas: desde la prensa seria y rigurosa hasta los cuñaos, encontramos una variada muestra de fuentes de distinto rango que alcanzan nuestros sensibles receptores y nos empapan con miles de bytes informativos, muchos de ellos claramente tóxicos. Es necesario, pues, separar el trigo de la paja. Es decir, tenemos la obligación moral, como sociedad, de prescindir de cuñaos y de fuentes poco fiables para consumir menos información, pero que sea seria y de calidad.

Tampoco vamos a pecar de ingenuos a estas alturas del campeonato. Dentro de la prensa seria, debemos discernir con mucha claridad quién dice qué y por qué lo dice. Sabemos cuáles son las líneas editoriales de los diferentes grupos de comunicación y también cuáles son sus intereses empresariales. Ahora bien, de ahí a pedir a los periodistas que oculten información veraz por una cuestión de efectos secundarios sobre la sociedad va un trecho.

SOCIEDAD INMADURA

La esencia del periodismo se cimienta en hechos que sean reales, ciertos, demostrables y en la relevancia de estos, que es, este último, un factor levemente más subjetivo. Es cierto que contando únicamente la verdad se puede manipular, por supuesto. Por eso es importante saber a quién estamos leyendo. Pero no se le puede pedir al periodismo que oculte datos relevantes como los trombos que se vinculan con determinadas vacunas durante la pandemia. He oído a mucha gente no solo quejarse de que se difunda información veraz sino, además, echarles la culpa directamente a los periodistas de la falta de confianza que tiene una parte de la población con respecto a algunas vacunas. No, miren ustedes, no: ni el periodismo es culpable ni podemos tratar a los ciudadanos como unos púberes imberbes que no son capaces de digerir nada por sí mismos. En el periodismo serio, ese que es acusado de sembrar el pánico entre la población, yo he podido escuchar voces reputadas de diferentes científicos y médicos diciendo que no hay motivo para preocuparse, que la incidencia de los trombos es bajísima, etc. Otra cosa sería que se estuviera cercenando el derecho a réplica o que se aportase un único punto de vista sobre un mismo problema que tiene varias formas de ser analizado; pero no es eso lo que está ocurriendo. Se está aplicando la manida máxima de matar al mensajero. Porque es muy ineficaz, pero muy cómoda.

EL ‘NOPASANADISMO’

Por otro lado, al comienzo de la pandemia el periodismo serio sí que cometió el error de pretender no alarmar por encima de todo. Cuando el virus estaba en Italia, arrasando, aquí el mensaje era de nopasanadismo. Sí, sí, reputados comunicadores de ámbito nacional decían que no había que alarmar, que sembrar el pánico era una irresponsabilidad. Sin embargo, los hechos desmentían el mensaje contemplativo y la realidad, poco después, nos atropelló. Tal vez no alarmar un poquito sí que fue una irresponsabilidad.

La verdad puede ser a veces incómoda, otras veces inconveniente, pero es necesaria siempre. Si el periodismo dice que se están produciendo trombos (pocos, pero algunos) en personas vacunadas con tal o cual vacuna no se puede culpar a los periodistas ni de esa realidad ni cualquier reacción posterior a esa realidad. Si la reacción de nuestra sociedad denota inmadurez y falta de inteligencia, entonces tendremos que buscar la solución en algún otro punto del complejo mecanismo social, pero optar por matar al mensajero lo único que consigue es ratificar que, efectivamente, somos una sociedad inmadura.

BLANQUEAR Y CENSURAR

Se habla mucho ahora de blanquear: que si blanquear el fascismo, que si blanquear el negacionismo… Partamos de la base de que no todas las opiniones son respetables. Lo que sí son, mientras no traspasen los límites establecidos por la ley, es legales. Pues bien, si uno escucha a Miguel Bosé y a Margarita del Val y lo que le convence es el discurso del amante bandido, entonces el problema es otro y ese problema no se soluciona silenciando a supersupermán. ¿Informar de las propuestas de Vox, siempre que estén dentro de la legalidad, es blanquear el fascismo? Me temo que no. A mí, por ejemplo, me gusta escuchar y muchas veces me gusta torturarme escuchando a gente que piensa lo contrario de lo que yo pienso. Me interesa mucho ver cuáles son sus argumentos. Lo que ocurre, generalmente, es que el discurso contrario reafirma mi postura. Pero, si no es así y me aporta algo de luz, debería estar agradecido de no ser una persona cerrada y ser capaz de crecer con aportaciones ajenas.

Esto de no dar voz a según quién no se diferencia mucho de silenciar a según quién. Es censura, así de claro. Y existe hoy en día. Censura, el alimento feroz de los regímenes totalitarios, de una única idea válida.

Echo en falta, de verdad, una sociedad madura, donde no haya tantos cuñaos, ni tantas ovejas, ni tantos pastores guiando rebaños, ni sarrujanes acompañando a los pastores. Echo en falta reflexión, análisis, profundidad en el pensamiento. Sobran las aplastantes mayorías; no puede ser que pensemos que la correcta es la postura más respaldada, así sin más, por el mero hecho de haber sacralizado un concepto erróneo de democracia. La verdad está muy por encima de las mayorías. La verdad es necesaria. Siempre.