Casa de hojas

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La Casa de hojas devora lectores. El descomunal magnetismo de la oscuridad avala la exacerbada extravagancia formal de este contumaz ejercicio de arquitectura literaria, alzado al mundo real por Mark Z. Danielewski. 

Tres voces narrativas (Zampanò, Truant y los editores, que delegan en voces epistolares secundarias) hilvanan un consorcio de paredes ausentes en la ambigua realidad que refleja el camarógrafo Will Navidson en su inexistente película El expediente Navidson, que es analizada, de forma escalonada, por cada una de las mencionadas voces narrativas, si bien Zámpanò la escruta de forma minuciosa, mientras que las otras dos narraciones discurren como infinitas notas al margen (más la de Truant) que no pocas veces representan auténticas excursiones literarias, digresiones justificadamente inexplicables. Estamos ante un dechado de erudición ficticia imbricado, de forma definitiva, en un brote de sabiduría real que se diluye, de forma progresiva, en el nihilismo oscuro de un casa adimensional, a la que casi nadie sobrevive. Este es el libro que se hizo sobre la famosa nopelícula, partícula fílmica tridimensional que espera en el limbo de los nonatos para ver la luminosa vereda hacia el ser, aunque, de momento, no es.

El desafío a la estructura literaria convencional, a la linealidad de la forma, adquiere dimensiones escandalosas. Sospechamos que la historia está dentro del libro, pero nadie en su sano juicio sería capaz de asegurarlo. En cualquier caso, el lector Premium debería acudir a la cita provisto de espejos, brújulas, diccionarios, instrumentos musicales y luz, mucha luz en el alma lectora.

La historia en sí es sencilla: Navidson descubre que las dimensiones interiores de su casa son mayores que las exteriores. Posteriomente, se adentra en un pasillo oscuro e infinito que le lleva a otra realidad que no sabemos muy bien si contiene la nuestra o es contenida por la nuestra. Pero no debemos preocuparnos porque todo queda grabado. Las distintas incursiones de diferentes equipos de exploración son minuciosamente registradas por diversas cámaras que consuman la paradoja de aportar imagen en un mar de oscuridad. Navidson (junto a su esposa Karen, sus hijos, su hermano y otros amigos) lo vive y lo graba; Zámpanò nos cuenta que Navidson lo ha grabado; Truant nos explica que Zampanò había escrito un libro contando lo grabado por Navidson; los editores aportan cartas y material secundario para dar vida y credibilidad a la idea de Truant. Al menos, eso nos dicen.

Infinita y flexible, la Casa de hojas va devorando la materia temporal sin cesar hasta que llega un punto en el que, para el lector, la linealidad es insana, de la misma manera que sería insano pensar en el equilibrio mental de Johnny Truant, el gran recopilador, y en su predisposición a dejarse seducir por el mundo externo de violencia, sexo, drogas y alcohol. Paradójicamente, Truant, cuya raíz procede de verdad, exhibe un desapego de la realidad heredado en su línea materna, pero también es la luz de la casa oscura porque Zampanò, autor original ya fallecido, pertenece al pasado mientras que Karen, esposa de Navidson, aporta la luz interior que las cámaras necesitan para registrar un mínimo filo de existencia humana en el infinito océano oscuro, lo más parecido a una nada totalizadora.

Tal vez sea una historia de amor, pero deberías tener en consideración que la advertencia inicial (Esto no es para ti) te indica, claramente, el camino que no has de seguir.